Año IV - Edición número 147
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EL SONAJERO
Cantautores de nueva ola
(Costello, Smith, Parker y Jackson)
El Sonajero es un momento de calma, una reflexión pausada, un faro para navegantes perdidos en un maremágnum sonoro de superventas y de politonos. En El Sonajero te proponernos una infalible selección de discos sólo apta para oídos inquietos.
Alberto Vargas
Nueva ola
Cantautores de nueva ola
En pleno momento de auge y definición de todo un género, el punk, y en pleno 1977 surgieron artistas que se dieron a conocer por su nombre y apellidos.
Superficialmente eran allegados de la new wave (aún por fructificar en una espléndida maduración en los próximos años) y de todo el conglomerado más nihilista que aparentemente predicaban los punks.

La realidad fue diferente: Ramones, Sex Pistols, The Clash... construyeron imágenes impactantes de la juventud, de la sociedad y de la vida urbana. Cierto, o al menos en sus inicios, pero aquellos hombres que titulaban sus discos con sus nombres de pila vivían musicalmente y líricamente en un espacio mucho más sosegado e intimista.
Las formalidades musicales les ayudaron a pertenecer a la nueva revolución: sonido sucio y actitud descarada eran cualidades que pertenecían a las bandas de la nueva época musical.

Sin embargo, el alma del asunto se ve claramente hoy día. Fueron más tradicionalistas y más ricos, sustanciosos en su visión del mundo. Sus incisiones en la vida mundana contenían la suficiente acidez e inteligencia expuesta en cuadros maravillosamente enmarcados como para calificar sus canciones como historias, narraciones de auténticos poetas, en este caso de la calle, del hombre que vive sometido a las exigencias de la vida moderna. Eran y son lienzos que en algunos casos son iniciáticos, pero con aroma de futuro cantautor de solera.


Elvis Costello: My aim is true
Elvis Costello: My aim is true (1977)
El tiro fue certero, tal como dispone una de las piezas fundamentales del álbum: Allison.
Elvis Costello, hoy venerado por todo el mundo gracias a un talento y una productividad consistente, es un hombre que a lo largo de su trayectoria musical ha tocado todo tipo de palos. Hombre ecléctico, en su debut y con la ayuda de un omnipresente Nick Lowe -fundacional en toda la saga de cantautores británicos de la nueva ola- consigue aunar tradición y modernidad en un disco que abre una vía en la rudeza sonora de la época.
Aquí caben solos de guitarra y puentes country en una aparente lección de la vida: I’m not angry; la steel guitar de John McFee en Waiting for the end of the World o el reggae de Watching the Detectives. Es decir, todo un listado de influencias varias que se camuflan entre una producción espartana (aunque más rica en detalles de lo que parece) y una maestría pop que se desparrama en estribillos imborrables y pegadizos como el de Less than zero o (The angels wanna wear my) Red shoes.
Así es, esto es pop de nuevo cuño, revestido y tamizado por héroes del pasado, pero pasado por la trituradora de la vida urbana.
Al igual que los compañeros de generación punk, Costello también es capaz de sacar las miserias del día a día con mayor sutileza y acidez en Welcome to the working work (All your family had to kill to survive / and they’re still waitin’ / for the big day to arrive. But if they knew how I felt / they’d bury me alive), sin olvidarse de sus propias reflexiones o frustraciones personales en Miracle Man (Why do you have to say that there’s always someone who can do it better than i can? / But don’t you think that I know that walking on the water won’t make me a miracle man?) o fantasias descarnadas en la ya mencionada Waiting for the end of the world (And they shut down the power all along the line / and we got stuck in the tunnel where no lights shine / They got to touching; all girls were too scared to call out / Nobody was saying anything at all).

En definitiva un debut magnífico, repleto de hermosas canciones que se consolidarían y perfeccionarían en sus dos siguientes trabajos, indispensables: This years’ Model (1978) y Armed Forces (1979). Pero para quien no tenga suficiente y quiera rastrear cual antropólogo los orígenes de Costello, no debe dejar escapar la reedición de 2001 que añade un cedé extra al original, aportando las primeras demos que grabó el de Liverpool como si se tratara de un primerizo hombre de tradición honky tonk.


Graham Parker: Howlin’ Wind
Graham Parker: Howlin’ Wind (1977)
Injustamente olvidado en los últimos tiempos, a pesar de realizar discos de buen nivel, nunca ha gozado de un éxito mayoritario. Sus bazas eran y son menos eclécticas que las de Elvis Costello, pero ha superado la prueba con una trayectoria rica en matices dentro de un estilo recurrente aunque nada intoxicante.
Bajo las directrices en la producción de Nick Lowe, dió con este Howlin’ Wind, disco fundacional del pub rock y obra maestra indiscutible. Es un ejemplo de disco perfecto, de obra unida, de síntesis de estilos. Entonces, ¿se trata de un disco revolucionario? ¿De una voz nueva, surgida de la casi nada? No, en absoluto.

Parker crea un estilo, su estilo, absolutamente único e identificable a través de dos influencias primordiales: Rolling Stones y, sobre todo, Van Morrison. En la trilogía White honey, Silly thing y Between you and me canta como el tigre de Belfast, se hace acompañar de una estupenda sección de vientos y consigue vestir del mejor rhythm and blues sus canciones. Soul Shoes y Not if it pleases me es la parte más "stoniana" del disco. La primera, absolutamente infecciosa, podría encajar perfectamente en Exile On Main Street (1972) mientras que la segunda, a medio camino entre el country y el blues, no desmerecería en Let It Bleed (1969).

Pero también hay guiños a Dylan, Nothin’s gonna pull us apart y acercamientos al reggae como el final de Howlin’ Wind y la descomunal Don’t ask me questions, una de las piezas más loables, desde el punto de vista del cantautor en ciernes, con unas estrofas enigmáticas que aluden a la clase política (Well I see the thousands screaming rushing for the cliffs / Just like lemmings into the sea. Who waves his mighty hand and breaks the precious rules? / Well the same one must understand who wasted all these fools), y una línea de guitarra blues de Brinsley Schwarz.

No se debe olvidar que The Rumour, la banda que grabó y acompañó durante años a Parker, tiene una máxima influencia en la aportación de elementos que enriquecen, nutren y llenan de excitación y sentido soul, junto a Lowe, todo este canto a las raices americanas, por más paradójico que pueda ser.
La reedición de 2001 viene acompañada por una exigua canción adicional y un sonido remasterizado, competente, aunque no definitivo. De momento parece que sólo se puede conseguir via importación, hecho realmente lamentable por el artista de quien se trata.


Patti Smith: Horses
Patti Smith: Horses (1976)
¿Qué demonios pinta aquí este álbum? ¿No se trata de un disco catalogado como punk? Además viene de EE.UU...
Estas preguntas eran las que me realizaba antes de escribir. Aunque es indudablemente una disco clave y fundacional dentro del género, aunque se grabó un año antes que los dos anteriores, aunque proviene de Nueva York, este es un álbum que trasciende todas las barreras.

Sabe, en definitiva, a creación universal. Por la manera de escribir las composiciones, mucho más poéticas que cualquier artista de su generación, y por la manera de cantar, mejor dicho, de narrar. Porque canta la Sra. de Fred Smith pero explica, también, como diez años antes lo hizo Lou Reed.
Nadie podria haber reinventado de tal forma el clásico de los Them -de nuevo Van Morison- como ella. Gloria es un canto encubierto a la individualidad (Jesus died for somebody’s sins but not mine) y una vuelta de tuerca explícita, sin llegar al subrayado, del clásico encuentro chico-chica que ya anunciaba Morrsion en el original. La testosterona que desparramaba la voz del de Belfast queda aquí magníficamente representada y aumentada por la tinta de Smith; sexualizuada por la narración, los énfasis de la pronunciación, en absoluto por el canto de la voz.

Más cercana al género conocido como spoken-word, Smith alcanza cuotas de grandeza intelectual en las extensas Birdland y Land. La música fluye poco a poco, punzando cuando es necesario, desarrollándose levemente, acentuando de forma sutil la narración, siendo agresiva en las aceleraciones, menos en las paradas de la voz, todo perfectamente estudiado, ejecutado.

Desde el punto de vista “poético”, Smith juega con el simbolismo -influencia reconocida de Arthur Rimbaud- (Take me up, daddy, to the belly of your ship / Let the ship slide open and I’ll go inside of it / Where you’re not human, you’re not human) alcanzando lo surrealista (When suddenly Johnny gets the feeling he’s surrounded by horses horse horses coming in all directions white shining silver studs with their nose in flames). Son dos piezas de abstracción profunda, de ingenio creativo, de literatura poética, de influencias asimiladas con sabiduria. Dos monumentos que marcan la linea del álbum; se ejecutan con la fiereza del punk, pero con la profunda intención de reaccionar el lenguaje musical. Es un ejemplo de cómo el rock no necesita recurrir a la famosa estructura del: 1-2-1. En definitiva, abre una senda nueva... Nuevos vericuetos.

Pero Horses no acaba aquí. También hay espacio para el posicionamiento más utópico en la brillante Free Money, como abre nuevas vías para los compañeros de la nueva generación. Kimberly, es un medio tiempo más propio del primer álbum de Blondie y, Break it up, compuesta a medias con Tom Verlaine es un avance de Marquee Moon (1977) de los Television. Y después, de tanta química desparramada en puro éxtasis, llega Elegie, pieza de cierre con aroma desolado, lágrima por el amigo-marido-músico desaparecido.

Extraordinariamente emotiva es la recreación en directo, en 2005, con motivo del trigésimo aniversario del disco, en Londres, acompañada por la trompeta de Flea -Red Hot Chili Peppers- y un recordatorio a los caidos. Asimismo la edición doble que incluye un cedé extra con la susodicha actuación en el Royal Festival Hall de Londres, tocando de cabo a rabo todo el álbum, acaba como en el disco original, con My generation de The Who en la que Smith aprovecha para posicionarse políticamente cuando afirma: My generation, we had dreams, we had dreams man and we fuckin created George Bush! New generations, rise up, rise up, take to the streets. The world is yours. Change it. Change it.

En definitiva, un álbum magistral, poético, convulso, visceral y lírico que abrió las puertas del futuro dejando de lado las contingencias del momento. Un disco a reescuchar y explorar de nuevo. Un disco de cantautor, universal.

Joe Jackson: Look Sharp!
Joe Jackson: Look Sharp! (1979)
Sin lugar a dudas las letras y la música de Jackson eran afiladas como ninguna otras, sobre todo sus historias. En ellas se cuece, sin mencionarlo, todo un amplio espectro de personajes, aspectos de la vida urbana y de las relaciones humanas.
En su primer disco, en formato cuarteto, se encuentran unos fundamentos realmente sólidos, impecables en muchos matices. Ciertamente no todos estuvieron lo bien que debieran pero esto es sólo atribuïble a la condición de novato. La producción de David Kershenbaum es realmente parca, como la aportación a la guitarra de Gary Sanford; no así el excelente bajista Graham Maby que ya apuntaba unas buenas maneras en este debut y, por supuesto, un Joe Jackson que trabaja a gran nivel.
Manteniendo una perspectiva “por encima del hombro” como menciona en el tema Look Sharp, intenta desentrañar los aspectos más ridículos de la pareja como del poder y la sociedad. Empezando por esto último, está Throw it away (Wake up this mornin’ and the paper’s on the mat / Poor gettin poorer and the rich are getting fat again) o (Do The) Instant mash, como también hay visos del estrés del mundo moderno en Got the time; son piezas de marcado acento punk, directas y contundentes, y en el mayor de los casos, algo obvias en cuanto a su contenido textual.

Probablemente, Sunday Papers, con su ritmo a medio camino entre el rock y el reggae -de nuevo la influencia jamaicana que tanto se prodigó a finales de los 70- es la pieza más conseguida, con mirada punzante, dedicada en esta ocasión a los medios de comunicación (If you want to know about the gay politician / If you want to know how to drive your car / If you want to know about the new sex position / You can read it in the sunday papers).
Pero es el lado más cínico -aparentemente cínico- el que hace más satisfactorias las canciones dedicadas al amor o a la pareja. Un cinismo que se encuentra exarcerbado en Happy loving couples como fruto del resentimiento de aquél que no puede gozar de lo mismo que sus compañeros (People say I’m too damn fussy / When it comes to girls / Happy couples say I must live / in a lonely world... Those happy couples ain’t no friends of mine).
También está enmascarada la decepción o el engaño en One more time y en Is she really going out with him? La más inmisericorde declaración de principios sobre los amantes está en la que es la pieza del disco, Fools in love (Fools in love, are there any creatures more pathetic? / Fools in love, never knowing when they’ve lost the game) que revela, no obstante, a un Joe Jackson muy cercano en su trasfondo al Billy Wilder cineasta; un romántico que se viste de cínico.
Así, no extraña leer en el mismo tema: Fools in love they think they’re heroes / ‘cause they get to feel more pain / I say fools in love are zeros / I should know, I should know because this fool’s are in love again, mientras acaba por introducir una pequeña sección de piano jazzy, concepto que ira desarrollando a lo largo de su ya extensa discografía.
Más conseguida está la versión que aparece en el disco Summer in the city: Live in New York (2000), directo indiscutible, recopilatorio de una trayectoria, que ofrece una matización más sosegada de sus primeras piezas.

Así pues, el inicio de este cantautor, posterior a Elvis Costello o Graham Parker, es de una riqueza a valorar. Aquí uno percibe que por mucho ruido que haya, Jackson con el simple gesto de teclear algunos acordes de piano en sus piezas, detalle ínfimo, y con una sagacidad lírica construida, artificiosa, para con ella empatizar con la nueva generación de oyentes coléricos, agregaba una serie de características que podian preveer un futuro como el presente nos demuestra: ecléctico.

Jackson, como Costello, es el prototipo de culo de mal asiento que ha abordado tantos géneros como le ha sido posible: desde estos inicios más punk, pasando por el reggae, el jazz o la música clásica.
Look sharp! en este sentido queda como la obra de un rebelde, que escondía alma de cantautor, abriéndose paso con acertado disimulo entre la era más nihilista del rock. (La reedición de 2001 contiene dos caras B, Don’t ask me y You got the fever, que lejos de ser dos canciones menores añaden mayor validez a la obra. Lamentablemente, esta edición sólo es adquirible via importación, aunque los más completistas echarán en falta otros temas de la misma época).

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