Brant
Bjork & the Bros.
Se hace difícil pensar en
un Azkena Rock sin Brant Bjork, pero lo cierto es que en esta edición
desmereció un poco su nombre. Sus riffs son perfectos, sus canciones
suenan magníficamente… Pero le faltó algo. Resultó un
concierto bastante soso, no malo, pero sí insatisfactorio.
Giant sand
Con un ritmo extraño, entre la dejadez y la improvisación,
Howe Gelb y compañía se sacaron de la manga un concierto extraño,
por momentos magnífico, aunque a tirones. Con su peculiar estilo, dispararon,
especialmente en la segunda mitad, una racha de temazos que terminaron por convencer
a todo el mundo, para rematarlo con una genial versión de
Ring
of fire,
incluyendo pausas para que el público coreara el estribillo. El concierto
más exquisito del fin de semana.
Hoodoo Gurus
Los triunfadores del sábado. Tienen sus
añitos, pero sonaron mucho y muy bien en el escenario grande.
La energía que transmitían todos sus miembros fue alcanzada
por pocos grupos durante el fin de semana. Es difícil pensar en
grupos que sepan combinar el
power pop con momentos de rock
más
duro, pero siempre en el momento adecuado… Además, su repertorio,
pese a dar la sensación de no estar preparado (el
cantante pedía al público y a los otros miembros que decidiesen
qué canción tocarían a continuación), resultó de
una progresión perfecta. Incluso saben parar el concierto en el
momento adecuado para marcarse un
momento melancólico sólo con guitarra y voz (y
da la sensación de que James Dean Bradfield
y otros le deben más de lo que parece a su cantante). Soberbios.
Josele
Santiago
Una vez más, Josele se metió a la primera al
público en el bolsillo. Era uno de los encargados de defender
el pabellón nacional en el festival, y lo consiguió con
solvencia. Incluso se le vió algo más entregado que de
costumbre. Sus canciones respiran un aroma inimitable, y, pese a que
puede ser algo exagerado hablar de un grande de la historia de la música
nacional, está claro que tanto en solitario como, especialmente,
en los Enemigos ha sabido labrarse un camino personal e intransferible.
Y que le dure muchos años más.
Quique
González y la aristocracia del barrio
Curioso.
Quique González ha comenzado a labrarse una imagen de
rockstar a la americana que ni él mismo se cree. Su música no tiene
nada desagradable, nada suena mal, pero nada suena especialmente bien.
Por eso, su repertorio no puede pasar de ser algo disfrutable y que se
olvida rápidamente. Ni sus letras ni su música destacan
especialmente, pese a no ser malas en absoluto. En los nuevos temas que
presentó dio la sensación de intentar trabajar algo más
el lado instrumental, dándole más fuerza. En cualquier
caso, tiró de un repertorio con algunas de sus mejores canciones,
que sumadas a la preciosa puesta de sol que tenía a su espalda
hicieron el resto. Bien.
Roky
Erickson & The Explosives
Nada más salir al
escenario, hay que admitir que la primera sensación que Roky y
su banda transmitieron fue la de que se les notaban los años.
Lo cierto es que son muchos los que tienen a sus espaldas, pero una vez
que empezaron a tocar, todo eso se pasó por alto, y la música
pasó al primer plano. Una ráfaga de temazos de su expléndida
trayectoria fueron suficientes para que todo el mundo se quedase contento,
y con la sensación de haber presenciado algo grande dentro de
la historia del rock.
Super
400
La revelación del festival. El trío, por sí mismo,
tiene un encanto estético setentero innegable. Si además a esto
sumamos que saben sonar bien con sólo una guitarra, bajo y batería,
ya es para tenerlos en cuenta. Pero lo importante es cómo conjugan en
sus canciones de manera tan fresca tantas influencias contrapuestas, de distintas
fuentes de la historia del rock. Con tal eclecticismo, es muy difícil
que nadie se resista a sus temas, pues todos tienen algo que nos recuerda a lo
que personalmente más nos gusta. Buena parte del público empezó el
concierto sin saber ni cómo se llamaban y lo terminaron siendo fans del
grupo. Si siguen por esta línea pueden convertirse en toda una sorpresa.
The Mooney Suzuki
El sonido no acompañó a esta interesante
banda. Su oferta es parecida a la de Super 400, quizás algo más “sucia”,
pero desgraciadamente, no pudieron desplegar su potencial plenamente
en el escenario grande. Habrá que esperar a una mejor ocasión
para juzgarles con justicia.
Tool
Los cabezas de cartel de esta edición
se pasearon por el escenario grande del ARF con más pena que gloria.
Visualmente, su espectáculo fue deslumbrante, impecable, y digno
de ser visto. En cuanto al sonido… No les acompañó totalmente.
La batería era lo único que se escuchaba con claridad digna,
y la voz era casi inaudible en algunas zonas de la audiencia. Además,
dieron la sensación de que les costaba arrancar, y el tiempo pasaba
y siguieron sin arrancar. Dos horas con esta impresión son demasiadas,
y incluso los fans del grupo no salieron del todo satisfechos.
Two
Gallants
Unos de los triunfadores del Azkena Rock. Cabe pensar que les benefició tocar
en la carpa pequeña, ya que son un dúo con evidentes aptitudes
para tocar en pequeños tugurios (con todo lo bueno y malo que esto implica).
Su estilo interpretativo, entre lo anárquico y lo virtuoso transmite una
energía brutal, y todo el público terminó dejándose
llevar. Lo cierto es que se pudo comprobar que es un grupo que está gustando
bastante por aquí, especialmente desde su segundo disco
What
the toll tells. Sin embargo, también puede pensarse que es una fórmula
con visos de agotamiento, demasiado dependiente de sacarse de la manga temas
tan perfectos como
Steady Rollin o
Las Cruces
Jails. Mientras les dure la inspiración,
seguirán creciendo.