Año IV - Edición número 147
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REPORTAJE: AZKENA ROCK FESTIVAL 2007
Nuevos planes, ¿idénticas estrategias?
Había mucho interés y suspense en ver cómo se desarrollaba la sexta edición del Azkena Rock Festival de Vitoria, en un año donde los grandes nombres no eran muy abundantes en el cartel.
Fernando Ganzo
Azkena rock festival 2007
Iggy Pop, Ryan Adams, Deep Purple, Wilco, Jayhawks, Pearl Jam… Grandes artistas de renombre llenaban los rótulos de las pasadas ediciones, mientras que este año, salvo por el tirón de Tool y los repetidores DTK/MC5 no muchos podían asegurar un gran número de seguidores. Desde el propio festival ya parecía reconocerse las más modestas aspiraciones de esta edición. La intención ya no era ser la referencia de música rock del verano, sino simplemente alcanzar un nivel digno, especialmente tras los rumores de los últimos años que hablaban de llevarse el festival de la capital euskalduna.

El cartel era más reducido, también las carpas, se veían menos puestos comerciales (tan sólo uno de ellos dedicado a la venta de discos) y de comida, la escasez de WC´s era preocupante… Pero el público respondió: algo más de 8 000 asistentes el viernes y unos 7 000 asistentes el sábado. ¿Quizá más de lo que la propia organización esperaba? Al menos los puestos de comida se vieron desbordados, y lo cierto es que eran los puestos con peor aspecto que se han podido ver en mucho tiempo.

Sin embargo, perduraban detalles de festival “grande”: pantallas gigantes a ambos lados del escenario principal, otra pantalla en la zona de comidas para el que quisiera ver los conciertos cómodamente sentados, magníficos (y esto es algo que hay que seguir agradeciendo al Azkena Rock Festival) libretos con programación, plano y minibiografía de los artistas…
Además, el sistema de conciertos “a dos bandas”, con tan sólo un concierto en vivo cada vez, pero dejando la otra carpa libre para que vaya preparándose el siguiente, consiguen que siempre haya música en directo y que, a la vez, el sonido de un concierto no machaque al otro.
Uno ya se ha acostumbrado a pasear de un escenario a otro cada vez que acaba un concierto, sin necesidad de sufrir molestas esperas. Sin embargo, lo reducido del cartel de este año obligó a que a partir de las diez de la noche todos los conciertos fuesen en el escenario grande, obligando, esta vez sí, a esperas para cambiar los equipos.
Pero, sobre todo, lo que sigue perdurando es el magnífico ambiente que envuelve a la ciudad y al recinto de Mendizabala en las fechas del festival. Disfrutar de los conciertos con la luz del atardecer del final del verano tiene un encanto innegable sin el cual el festival ya no parece posible. Y la gente. Pese a que la inclusión de Tool en el cartel hizo que el viernes abundara un tipo de público menos habitual, éste acude a la capital alavesa con la mejor de las intenciones, siempre abierta y de buen humor, dispuesto a disfrutar de la música y a conocer a gente interesante (en pocos festivales es posible charlar con tantos desconocidos).
De hecho, los problemas organizativos mencionados podrían haber dado lugar a graves altercados si el espíritu del público fuera otro. Por suerte, la gente supo pasar por alto esos problemas, ser comprensiva, y disfrutar igualmente.
Las crónicas del Azkena rock
Brant Bjork & the Bros.
Se hace difícil pensar en un Azkena Rock sin Brant Bjork, pero lo cierto es que en esta edición desmereció un poco su nombre. Sus riffs son perfectos, sus canciones suenan magníficamente… Pero le faltó algo. Resultó un concierto bastante soso, no malo, pero sí insatisfactorio.

Giant sand
Con un ritmo extraño, entre la dejadez y la improvisación, Howe Gelb y compañía se sacaron de la manga un concierto extraño, por momentos magnífico, aunque a tirones. Con su peculiar estilo, dispararon, especialmente en la segunda mitad, una racha de temazos que terminaron por convencer a todo el mundo, para rematarlo con una genial versión de Ring of fire, incluyendo pausas para que el público coreara el estribillo. El concierto más exquisito del fin de semana.

Hoodoo Gurus
Los triunfadores del sábado. Tienen sus añitos, pero sonaron mucho y muy bien en el escenario grande. La energía que transmitían todos sus miembros fue alcanzada por pocos grupos durante el fin de semana. Es difícil pensar en grupos que sepan combinar el power pop con momentos de rock más duro, pero siempre en el momento adecuado… Además, su repertorio, pese a dar la sensación de no estar preparado (el cantante pedía al público y a los otros miembros que decidiesen qué canción tocarían a continuación), resultó de una progresión perfecta. Incluso saben parar el concierto en el momento adecuado para marcarse un momento melancólico sólo con guitarra y voz (y da la sensación de que James Dean Bradfield y otros le deben más de lo que parece a su cantante). Soberbios.

Josele Santiago
Una vez más, Josele se metió a la primera al público en el bolsillo. Era uno de los encargados de defender el pabellón nacional en el festival, y lo consiguió con solvencia. Incluso se le vió algo más entregado que de costumbre. Sus canciones respiran un aroma inimitable, y, pese a que puede ser algo exagerado hablar de un grande de la historia de la música nacional, está claro que tanto en solitario como, especialmente, en los Enemigos ha sabido labrarse un camino personal e intransferible. Y que le dure muchos años más.

Quique González y la aristocracia del barrio
Curioso. Quique González ha comenzado a labrarse una imagen de rockstar a la americana que ni él mismo se cree. Su música no tiene nada desagradable, nada suena mal, pero nada suena especialmente bien. Por eso, su repertorio no puede pasar de ser algo disfrutable y que se olvida rápidamente. Ni sus letras ni su música destacan especialmente, pese a no ser malas en absoluto. En los nuevos temas que presentó dio la sensación de intentar trabajar algo más el lado instrumental, dándole más fuerza. En cualquier caso, tiró de un repertorio con algunas de sus mejores canciones, que sumadas a la preciosa puesta de sol que tenía a su espalda hicieron el resto. Bien.

Roky Erickson & The Explosives
Nada más salir al escenario, hay que admitir que la primera sensación que Roky y su banda transmitieron fue la de que se les notaban los años. Lo cierto es que son muchos los que tienen a sus espaldas, pero una vez que empezaron a tocar, todo eso se pasó por alto, y la música pasó al primer plano. Una ráfaga de temazos de su expléndida trayectoria fueron suficientes para que todo el mundo se quedase contento, y con la sensación de haber presenciado algo grande dentro de la historia del rock.

Super 400
La revelación del festival. El trío, por sí mismo, tiene un encanto estético setentero innegable. Si además a esto sumamos que saben sonar bien con sólo una guitarra, bajo y batería, ya es para tenerlos en cuenta. Pero lo importante es cómo conjugan en sus canciones de manera tan fresca tantas influencias contrapuestas, de distintas fuentes de la historia del rock. Con tal eclecticismo, es muy difícil que nadie se resista a sus temas, pues todos tienen algo que nos recuerda a lo que personalmente más nos gusta. Buena parte del público empezó el concierto sin saber ni cómo se llamaban y lo terminaron siendo fans del grupo. Si siguen por esta línea pueden convertirse en toda una sorpresa.

The Mooney Suzuki
El sonido no acompañó a esta interesante banda. Su oferta es parecida a la de Super 400, quizás algo más “sucia”, pero desgraciadamente, no pudieron desplegar su potencial plenamente en el escenario grande. Habrá que esperar a una mejor ocasión para juzgarles con justicia.

Tool
Los cabezas de cartel de esta edición se pasearon por el escenario grande del ARF con más pena que gloria. Visualmente, su espectáculo fue deslumbrante, impecable, y digno de ser visto. En cuanto al sonido… No les acompañó totalmente. La batería era lo único que se escuchaba con claridad digna, y la voz era casi inaudible en algunas zonas de la audiencia. Además, dieron la sensación de que les costaba arrancar, y el tiempo pasaba y siguieron sin arrancar. Dos horas con esta impresión son demasiadas, y incluso los fans del grupo no salieron del todo satisfechos.

Two Gallants
Unos de los triunfadores del Azkena Rock. Cabe pensar que les benefició tocar en la carpa pequeña, ya que son un dúo con evidentes aptitudes para tocar en pequeños tugurios (con todo lo bueno y malo que esto implica). Su estilo interpretativo, entre lo anárquico y lo virtuoso transmite una energía brutal, y todo el público terminó dejándose llevar. Lo cierto es que se pudo comprobar que es un grupo que está gustando bastante por aquí, especialmente desde su segundo disco What the toll tells. Sin embargo, también puede pensarse que es una fórmula con visos de agotamiento, demasiado dependiente de sacarse de la manga temas tan perfectos como Steady Rollin o Las Cruces Jails. Mientras les dure la inspiración, seguirán creciendo.

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