Apenas
unas semanas atrás había disfrutado en el
FIB
Heineken del estupendo
concierto de Kiko Veneno cuando de nuevo se me presentó la ocasión de
verlo en concierto, esta vez con su banda (Los notas del
retumbe) al completo.
En una agradabilisma noche de verano, la playa de Melenara en Gran Canaria
fue la anfitriona del amigo Veneno. Pero antes de eso tuvimos que sufrir
durante un buen rato a la Vargas blues band en concierto, con sus interminables
y artificiosos malabarismos guitarrísiticos en una
actuación francamente para olvidar.
No como hizo en el FIB, donde arrancó suavecito y hasta se atrevió a
presentar temas nuevos, aquí Kiko Veneno apostó por lo seguro y empezó
de un modo certero con esos dos himnos que son
Lobo López y
Los
delincuentes. Y ya con eso se ganó al público y desde entonces el
concierto fue como una seda. El tercer tema que tocó fue esa excelente
adaptación al castellano que hizo del tema de Bob Dylan con Juan Perro (cuando
los dos iban en aquella célebre gira «dando el cante») llamada
Atascado
en el blues de Memphis. Colosal.
En el repertorio de esa noche, Veneno tuvo hueco para todos sus grandes
éxitos de siempre,
y claro, cayeron (como no podía ser menos) unos cuantos temas de su
aclamado disco de 1992
Échate un cantecito (
Te
echo de menos,
En un Mercedes blanco,
Joselito,
la ya indicada
Lobo López), canciones que fueron indudablemente
las que más agradeció el cálido público canarión.
Kiko Veneno ha llegado a un punto de madurez envidiable
(como dirían los flamencos "está en sazón") y sabe manejar con maestría
el escenario y como meterse al público en el bolsillo. Y es
que él disfruta cantando más todavía que nosotros
escuchándolo.
Hay que destacar además los excelentes músicos que acompañan
al de Figueras en su aventura, y entre ellos es de destacar especialmente Raúl Rodríguez que toca
de un modo exquisito la guitarra flamenca y el tres cubano. Todo un
talento a reivindicar.
El final de fiesta
llegó con la celebérrima
Volando
voy, himno intergeneracional e interracial que puso a todo el público a cantar
el inevitable
¡Pío! ¡Pío!.
¿He dicho fin
de fiesta? Pues no. Tras su concierto, Kiko y amigos decidieron seguir
la juerga en la misma orilla de la playa hasta que los cuerpos aguantasen.
Todo un tipo este Kiko.