El legendario Joe Jackson se presentó en trío en la Sala Bikini de Barcelona y regaló un concierto sorprendente
Joe Jackson: un señor de traje y al piano - foto: M+MD
Quién: Joe Jackson
Dónde: Bikini (Barcelona)
Cuándo: 11 de junio de 2007
Se
apagan las luces, oscuridad en la sala, gritos, silbidos, murmullo. Una
línea de sintetizador programada suena de fondo; un pequeño
haz de luz recorre el escenario de forma paralela al público.
Entra Dave Houghton, se sienta en el flanco izquierdo de la escena y
un foco ilumina su batería electrónica. Empieza a tocar
un ritmo. A continuación entra el bajista Graham Maby; en el centro
de las tablas una luz se proyecta sobre su cabeza, conecta el bajo y
los graves hacen presencia. Finalmente, el delirio; un hombre de pelo
canoso, ojos azules, trajeado se sienta sobre el taburete de su piano,
en la esquina opuesta al baterista, y se acciona el concierto.
Joe Jackson
se presentó engalanado para ofrecer un concierto sorprendente,
incluso arriesgado para los tiempos que corren.
Su paso por Barcelona
deja constancia de que al inglés le sobran tablas y se redefine
como un artista por los cuatro costados.
Por varios motivos. En primer
lugar, la apuesta por el formato de trío. Una propuesta interesante
-obviando las guitarras- en favor de un clima más sofisticado,
nocturno, en el que ciertas reminiscencias del latin-jazz se
filtraron en los acordes de su piano al reinventar los clásicos
de Night
and day (1982) como Cancer -colosal- o Chinatown.
Y aunque se confirmó como una opción mas que acertada,
jugaba con el inconveniente de que esta reencarnación de la
primera banda de Jackson -sin el guitarra Sanford- ya tenía precedente
en formato compacto, con el imprescindible Summer
at the city: Live in New York (2000).
En segundo lugar, por el repertorio.
Si algo sorprendió fue el arrojo en no repetirse con anteriores
sesiones, llegando a la sorpresa. No es difícil cambiar un set-list con
el legado de Jackson pero tampoco es común que sin disco recién
publicado, dedique buena parte de su actuación a presentar “temas
del nuevo álbum que grabaremos en dos semanas aproximadamente”.
Así que expectación y silencio mientras fue desgranando
temas como la estupenda Invisible man o So
low.
En tercer lugar, Jackson y su banda. La tradición dice que cuando
un artista de pop-rock pasa de los cincuenta arrastra con la decadencia
física y vital, la artística. No parece suceder para el
inglés, cuando menos en vivo. Su voz llegó a todos los
rincones de la sala. Impoluta, perfecta, abarcando los matices que su
dueño le quería dar. Mejor que en su juventud. Añadan
a lo escrito la perfecta conjunción con una banda en la que Houghton
percutía con maestría la batería y Maby sacaba líneas
de bajo perfectas para lo que demanda la composición. En este
sentido, el concierto se estructuró en fases diferenciadas según
el tipo de composición. Momentos para Jackson y su piano -It’s
different for girls”- en su acepción más introspectiva;
momentos para reverdecer los laureles del jazz en una visión más
soul, y los momentos de éxtasis al abordar con contundencia rítmica
clásicos de la new wave, con un público cantando
los estribillos y moviéndose al unísono con la banda, al
ejecutarse emblemas como On your radio, One
More Time o Is
she really going out with him?
Viejo zorro, Jackson sabe dar
al público lo que necesita sin obviar sus “necesidades” artísticas.
Sigue proyectándose en un futuro que sigue trabajando con sentido
y esmero, amén de sus cualidades como compositor, saliendo impoluto
de movimientos arriesgados, como el de anoche. Porque triunfó,
salió vitoreado y aclamado, prometiendo un regreso que el público
ya espera después de un concierto cuando menos notable, artístico,
sorprendente.